Varios artistas – Classic Appalachian Blues (Smithsonian Folkways Recordings, 2010)

El blues hecho en los montes Apalaches, cadena montañosa que cruza a lo largo de 13 estados de la unión americana, desde Nueva York hasta Mississippi, sirvió para que en esta región se incubaran muchos tipos de blues, como vodevil, piano, boogie, las bandas de cuerdas, el down-home con guitarra y armónica y el ragtime entre otros.
En esta zona se desarrolló el blues debido a la atracción que los centros urbanos causaron en la población negra. Así mismo la construcción del ferrocarril y las minas de carbón atrajeron a buen número de trabajadores afrodescendientes, algunos de ellos músicos profesionales que se establecieron en sitios como Knoxville, Birmingham o Chattanooga. Varios de estos músicos no tuvieron la oportunidad de grabar, ya que las compañías disqueras de la época no enviaban a sus cazatalentos hasta lugares tan remotos con el fin de ahorrar dinero. Sin embargo, entre 1927 y 1930 se dieron una serie de sesiones que permitieron el descubrimiento de la rica tradición musical de los Apalaches.
Durante las décadas de 1940 y 1950, la zona vivió también una migración de su población hacia el norte en busca de nuevas oportunidades laborales. Nueva York fue el imán musical para estas comunidades, así como lo fue Chicago para los artistas del Delta y del profundo sur, dado el interés de varios sellos por documentar las tradiciones musicales, pues tenían una misión más etnomusicóloga que comercial.
Aunque en los Apalaches se tocaba el piano, los instrumentos más utilizados eran la guitarra y la armónica, convirtiéndose la unión de estos dos en la forma más común de esta tradición, recordando ahora a exponentes como Sonny Terry y Brownie McGhee o John Cephas y Phil Wiggins. Aunque en cada región había un estilo diferente para interpretar la guitarra, todos se caracterizaron por utilizar la técnica del punteo. Hubo preferencia por el ragtime y por canciones que servían para amenizar fiestas y bailes. La instrumentación era, entonces, mucho más melódica que la del Delta Blues. A esto podemos sumar que a la técnica del llamado-respuesta, característica de la música negra, no se le hizo mucho énfasis en los Apalaches, tendiendo más a las interpretaciones rápidas, dejando más espacio para el llamado y menos para la respuesta.
La parte vocal no era tan intensa como en el Delta, a excepción de Gary Davis, dada su formación como músico callejero y luego como predicador en la iglesia. La interacción entre razas pudo llevar a este tipo de canto, ya que en estos lugares las fronteras entre blancos y negros eran mucho más cercanas y en ocasiones se hacían presentaciones para audiencias mixtas.
Los cercanos lazos entre blancos y negros, que mencionamos en el bloque anterior, son palpables en la tradición de las bandas de cuerdas. El blues no desplazó a las otras formas musicales que existían en los Apalaches. Por el contrario, se convirtió en una más de ellas, siendo interpretada en fiestas y bailes. La transición del banjo y el violín a la guitarra y la armónica se hizo lentamente en las montañas, contrario a lo que ocurrió en el profundo sur. De hecho el banjo continuó siendo importante después de la llegada del blues, siendo el primer instrumento que interpretaba un músico antes de convertirse en guitarrista. Aunque la tradición de las bandas de cuerdas persiste aún, muchas de las agrupaciones clásicas se separaron y sus integrantes decidieron continuar su carrera en dúos de guitarra y armónica en el estilo down-home blues.
Muchas evidencias sugieren que el blues en los Apalaches se originó después de instalarse en las entrañas del profundo sur. Apareció debido a la llegada de músicos itinerantes, que buscaban trabajo en las minas o en las construcciones de caminos y vías del ferrocarril y se encargaban de entretener a sus compañeros durante su tiempo libre. También están los artistas que aparecían en los días de pago, los músicos de los shows de medicina y los que estaban asociados con las obras minstrel. Otra parte del establecimiento del blues en los Apalaches se debe a los músicos callejeros, a los que cantaban en las esquinas de los pueblos o en una fiesta y luego se iban a otro sitio. En algún momento las tradiciones se cruzaron, generando esos múltiples estilos.
Otra fuente importante para que el blues se quedara en la zona fue el fonógrafo. Muchos de los exponentes del blues de los Apalaches aprendieron a interpretarlo luego de escuchar los discos que llegaban a las tiendas de sus pueblos. A ellos no les importaba realmente si el artista de la grabación era blanco o negro. Simplemente escuchaban las canciones, las aprendían y luego hacían los ajustes. De ahí la variedad estilística.
El blues en los Apalaches ayudó mucho más a la integración que en el profundo sur o en estados como Texas. Sus artistas tenían un repertorio que satisfacía tanto a la audiencia blanca como a la negra y algunos grupos tenían músicos blancos y negros. Todo esto, probablemente, porque ambas tradiciones eran mucho más cercanas en esa zona. De esta forma la música cruzaba fronteras raciales, haciendo que blancos y negros compartieran un campo común, el punto de encuentro entre los valores musicales europeos y africanos.

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