Gaby Jogeix, Lap Steel a la española… y olé.

De paso por Bogotá nos encontramos al guitarrista español Gaby Jogeix, quien hace parte de la banda de Raphael. Aprovechando una noche libre, antes de iniciar su gira por Colombia, Gaby se reunió con algunos músicos en La Hamburguesería del Parque 93 y nos deleitó con dos horas de muy buen blues.
Antes de su presentación concedió unos minutos a Historias del Blues.

Historias del Blues: ¿Cómo llegas al blues? Cuentas que de niño tu mamá escuchaba góspel, soul.

Gaby Jogeix: Sí, es de mano de mi madre que llega todo, sobre todo porque ella estuvo viviendo en los años 56 y 57 en Berkeley, California, de los primeros intercambios culturales que hubo de mandar a una cría francesa de 17 años de mandarla a Estados Unidos. Llegó con discos, concretamente, de Elvis, Ray Charles, Sonny Terry y Brownie McGhee y Mahalia Jackson. Eran discos gruesos, se escuchaban mal, pero la potencia de esas voces y todas las melodías, lo que evocaban, empecé a investigar.

HdB: Si hacemos un paralelo con esos viejos músicos de blues, que crecieron escuchando a otros músicos de blues, tu formación musical es similar.

GJ: Claro, es una cadena que se va realimentando con otra. Cada músico tiene su background y se va alimentando de lo que ha escuchado y creará sonidos que los demás escucharán, en mayor o menor medida, con mayor o menor influencia. Eso es lo hermoso de la música y del ser humano en general, que vamos aprendiendo de los anteriores.

HdB: Recordando la canción de Buddy Guy “First Time I Met The Blues”, ¿cuándo te encontraste por primera vez con el blues?

GJ: Había una cinta que estaba por un lado Lavern Baker y por el otro lado Elmore James. Quedé sorprendido por el sonido de la guitarra slide y cantaba “The Sun Is Shining”. Me fascinó la historia, la melodía y sobre todo, la transmisión de un sentimiento en base a notas tan reducidas. Yo andaba cantando eso todo el rato. Ese fue mi primer choque con el blues. Luego había un disco de B.B. King, al principio no lo entendía mucho, no me gustaba mucho, me gustaba más Elmore James pero entendí que B.B. King era el transportador más grande de esta música por su voz, por su potencia, por su lírica con la guitarra, por todo.

HdB: ¿Ya eras músico en ese entonces?

GJ: No. Yo empecé a tocar guitarra con 18 años, tardísimo, pero siempre he cantado y nunca pensé en tener un enfoque profesional, pero al final empecé a tocar con una banda de amigos, como empezamos todos, y acabé formando mi propio proyecto con otros amigos y colaboradores, lo que es Gaby Jogeix como proyecto.

HdB: ¿Siempre tocaste blues o tocaste otras músicas?

GJ: Siempre toqué blues. De hecho con un trompetista amigo mío, que estábamos trabajando en la producción para su chica, Susan Martín, estábamos viendo la forma de arreglar un tema, estábamos practicando un riff, y me dijo “lo de tu tatuaje en el brazo va tan en serio, tu toque con la guitarra, que nunca te vas a librar del blues”. El lo decía como algo negativo y yo hinché el pecho y le dije que era de lo más orgulloso que podía estar.

(Gaby muestra que su muñeca izquierda, donde sobre la vena se puede apreciar claramente que dice “The Blues”)

HdB: Entonces va directo el blues a la sangre.

GJ: Sí, señor. No solamente el blues. Yo no soy un bluesman puro, a mi realmente me fascina toda la música que venga del corazón, que sea pura. No implica que no sea una fusión, no estoy diciendo que no me gusten las fusiones o que no me gusten muchas otras músicas de las cuales me nutro, como la música americana o muchísima música africana, todo viene de muchos lados, no hay una forma de definirlo, no soy un purista. A mi lo que me fascina es la manera que tiene cada uno de robarle dos horas de su tiempo. Yo tengo la responsabilidad esta noche de que seáis míos durante dos horas, soy muy celoso con este tiempo, no puedes cantar simplemente para quitártelos de encima, si no viene del corazón me voy a casa.

HdB: ¿Cuándo te empieza a llamar la atención tocar la guitarra slide?

GJ: Desde siempre. La única vez que me dejaron con una guitarra durante 24 horas fue a los 17 años, cuando estaba en el colegio, entonces empecé a aporrearla y empecé a investigar cómo llegar al sonido que estaba en mi cabeza y que no conseguía transmitir a través del instrumento. Autodidacta puro, empecé a buscarme la vida.

HdB: Tienes a Elmore James como uno de los grandes músicos que te ha influenciado.

GJ: Elmore James y después muchos otros como John Scofield, Albert Collins, Derek Trucks, Doyle Bramhall, toda la onda nueva que está saliendo que son gente que tiene una transmisión de un sentimiento a través de un instrumento, no tanto a través del instrumento sino de cómo se orquesta, cuál es el método o cómo lo haces para llegar a ese punto, eso es lo que realmente me fascina. Si me pones la piel de gallina realmente para mi eres un animal, entonces te sonrío y levanto el sombrero.

HdB: ¿Cuándo descubres el lap steel guitar?

GJ: Yo vivía en Bruselas, estaba en exámenes de mi último año de periodismo, y alternaba mis estudios con tocar la guitarra. Empecé con un encendedor, la guitarra estaba tumbada encima de la mesa, y dije, esto es gracioso, esta es otra forma de tocar slide. Luego me di cuenta de que no había inventado nada, sino que eran cosas que habían sido hechas hace mucho tiempo y empecé a investigar, cómo lo hacían, qué afinaciones utilizaban y sobre todo las notas que el slide transmite es lo más cercano a la voz humana que puedes tener. Eso fue lo que me fascinó y seguí trabajando la técnica. Eso fue en 2002.

HdB: Como en el Delta Blues, que la guitarra se convierte en extensión del artista o en otra voz.

GJ: Tiene que serlo, Diego. Tú sabes muy bien que cuando un guitarrista o cualquier instrumentista, tiene su instrumento muy cerca del corazón y lo que transmite es directamente un latido, cuando dejas de reflexionar en el cómo y reflexionas más en el qué, el resto lo hace el corazón. Se ve enseguida cuando un músico tiene una extensión de un instrumento, cuando directamente tiene conexión con un instrumento, hay noches buenas, hay noches malas, pero se nota enseguida, se nota a un kilómetro de distancia que ese tío está tocando lo que le está pidiendo el cuerpo.

HdB: Tú has compartido con grandes músicos españoles, pero quisiera preguntarte por Raimundo Amador, por ser un artista que ha logrado mezclar los sentimientos del blues y del flamenco.

GJ: Con Raimundo estuve muy poco tiempo pero fueron momentos muy intensos. Es igual que los diez días de gira que compartí con Kenny Neal, que son momentos en los cuales aprender más que toda una vida tocando porque te dan directrices. Si sigues tocando solo, creyendo que vas en la buena dirección, llega alguien y te da un tapón y te dice ‘gira a la izquierda, gira a la derecha’, te explican cuatro cosas de la manera de trabajar que te dan muchos más instrumentos, muchas más claves de cómo transmitir lo que tienes. El caso de Raimundo, él es un gitano de Sevilla, que creció con flamenco y descubrió a Jimi Hendrix y eso se nota en su manera de tocar. A mi lo que me fascina de Raimundo es cuando toca una guitarra española y empieza a hacer unos bends de casi dos tonos. Cuando no hay explicación técnica o física, es entonces cuando te fascina algo y dices ‘de este tío hay que aprender un montón’ y al mismo tiempo, cuando compartes con él, tienes el respeto que le debes por su trayectoria y por el momento en el que él está, intentas ponerte a la altura siempre con respeto y siempre manteniéndote en tu sitio.

HdB: Hablemos ahora de tus dos discos. ¿Cómo las orientaste?

GJ: Los discos, creo, que siempre han sido una toma de temperatura de un artista en un momento dado. El primer disco yo lo grabé con 23 años. Me dijeron ‘tienes tres días para grabar un disco. ¿Lo quieres hacer?’ Dije sí. No sabía lo que iba a grabar. Me sirvió como bagaje, se hizo bien, se hizo con mucha prisa pero se hizo bien, se consiguió una toma de temperatura de ese año, de las preocupaciones que tenía y luego el siguiente, quise que fuera producido por Francisco Simón, que es uno de los guitarristas que más admiro, precisamente por esa capacidad de transmisión y por esa comunicación con el publicación tan cercana con el público, aprendí mucho técnicamente, aprendí mucho del saber hacer, lo bonito de una grabación en vivo, con poco tiempo, limitaciones de presupuesto, lo cual le da un montón de picante al asunto y es otra toma de temperatura más y vas viendo el grado de madurez de un artista a la hora de plasmarlo en un disco.

HdB: ¿En qué grado de madurez estás?

GJ: Eso tienes que decirlo tú.

HdB: Decías que estás a punto de grabar un tercer disco.

GJ: Quiero grabar un tercer disco, lo que pasa es que nunca he tenido prisa. Yo creo que no hay que tenerla. Los contratos discográficos te obligan a dar un trabajo en un lapso de tiempo, que a lo mejor no corresponde con lo que tienes en la cabeza. En el último año he compuesto más de veinte canciones y estoy viendo la manera de plasmarlas en un disco de la forma más digna e interesante posible. Yo no quiero engañar a nadie, yo no quiero sacar un disco porque sí, porque toca. El último es de 2007 y si tiene que ser 2011 cuando haga el nuevo, será porque realmente sienta que tiene que ser así. Pero quiero grabarlo en Los Ángeles, he hablado con Guy Fletcher, para hacer un trabajo de inmersión, bien sea como español o como francés, como extranjero, de meterme en Estados Unidos a grabar su música. Es como si un guitarrista de Nueva Zelanda que le gusta el flamenco se va a Jerez a grabar. Si eres bueno lo haces, si eres medio pasarás sin pena ni gloria y si eres malo, te dirán que no.

HdB: El blues finalmente es eso, es honestidad.

GJ: Hay mucho canallismo en el blues, en el rock. Todo lo que tenga que ver con cualquier expresión artística, siempre puedes caer en la necesidad. Gracias a los cielos no necesito grabar un disco, lo sigo manteniendo como algo a lo que le tengo un respeto monstruoso, orientándolo profesionalmente intento ser siempre lo más honesto posible, si siento que hay una canción que no sé tocar, no la voy a tocar, aunque me digan ‘no, tienes que tocarla, es importante hacer ese tema’, no, no la siento, no me sale bien. Yo tengo que estar plenamente convencido de que algo es bueno para hacerlo, soy muy testarudo en ese sentido. Todo ese temperamento, todo ese carácter se transmite a la hora de cantar, a la hora de tocar, a la hora de producir un disco. Si me dices de hacer un disco de bachata, te diré ‘yo no sé tocar bachata’ Yo para lo que valgo es para esto.

HdB: ¿Cómo está el blues en España? Tenemos referencia de los trabajos de Raimundo Amador, Vargas Blues Band, Anomia Blues Band, Arizona Baby, tienen un gran festival que es el de Cazorla…

GJ: El panorama está muy creciente, veo que hay mucho compromiso con el blues. Lo que pasa es que a mí no me gusta hablar de blues si no es con el sentido de la responsabilidad, no solo de quitarte dos horas de tu tiempo en el buen sentido de la expresión, sino que tienes que hacerlo evolucionar. A mi modo de ver, tú no puedes quedarte cantando canciones de Muddy Waters, los cóvers tienen un sentido y un límite en el espacio tiempo de cualquier artista. Tú tienes que componer, hablar de tus cosas, plásmalas en una canción y en una manera de tocar, eso es lo que hace un artista. Yo no quiero sonar como Muddy Waters porque no lo soy, yo no nací en Mississippi, yo no tengo un background de esclavitud, yo soy un licenciado universitario que vengo de una familia vasca mezclada con franceses, vengo de otro lado. En mi manera de interpretar esta música y de hacerla evolucionar es cuando aparece el sentido de responsabilidad, como músicos, y decir que esto tiene que seguir hacia delante. Venir a tocar a Bogotá, tener esta entrevista, todo eso da un montón de datos que hace que tu música evolucione, no puedes quedarte estudiando los libros como si fuera un conservatorio, conservatorio viene de conservar, y a mí no me interesa el conservatorio del blues, a mí me interesa la evolución y en el aporte personal que cada uno le da a las notas que toca. Eso es realmente lo bonito y lo mágico que es cuando consigues eso. Hoy lo haces de una manera, mañana de otra y pasado mañana no sé como lo voy a hacer, pero siempre con ese sentido de la evolución, de decir esto tiene que ir hacia delante. Conviviendo diez días con Kenny Neal he aprendido mucho más que en cinco años tocando la guitarra y escuchando discos, porque les ves, porque les tocas, te haces amigo, hablas con ellos por teléfono, te emborrachas con ellos, eso es lo que te hace una vivencia y tienes que poderlo plasmar en una canción. Yo no o voy a seguir tocando “Got My Mojo Working”, eso tiene sentido en un lapso de tiempo, luego hay que tirar más hacia delante. Puedo arrepentirme de cosas, pero no tener remordimientos.

Diego Luis Martínez
Bogotá, 22 de marzo de 2011

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